Categoria: Política
Publicado 3 de marzo de 2026

El presidente Rodrigo Paz activó esta semana una jugada política con cálculo electoral: convertir la consigna del “50/50” -hasta ahora capitalizada por la oposición- en una política de gobierno en marcha. El anuncio, realizado en Santa Cruz de la Sierra junto a todo su gabinete, funciona como un salvavidas para candidatos oficialistas que venían perdiendo terreno rumbo a las elecciones subnacionales del 22 de marzo.

Durante semanas, varios postulantes que competirán bajo siglas que incluyen la palabra “Patria” quedaron a la defensiva frente al discurso opositor que prometía redistribuir recursos bajo el esquema 50/50 y garantizar fondos de libre disponibilidad para las regiones. La propuesta prendió especialmente en Santa Cruz, donde Juan Pablo Velasco, candidato de Libre, logró posicionarse con fuerza impulsando esa bandera, mientras los oficialistas carecían de una respuesta articulada.

El movimiento de Paz cambia el tablero. El 50/50 deja de ser promesa electoral para convertirse —según el Ejecutivo— en un “proceso” en curso orientado a redistribuir atribuciones y responsabilidades entre el nivel central y las regiones. El mandatario sostuvo que no se trata de una consigna política sino de una “decisión estructural” destinada a profundizar la autonomía y mejorar la eficiencia en la gestión pública. “No es dividir recursos, es multiplicar soluciones. No es debilitar al Estado, es hacerlo más eficiente”, afirmó.

Más allá del discurso técnico, la señal política es clara: el Gobierno central intenta apropiarse de la narrativa que la oposición había convertido en herramienta de campaña. Al anunciar que ya se está aplicando lo que otros prometen, Paz busca neutralizar el atractivo electoral del planteamiento opositor y reposicionar a sus candidatos como portadores de una agenda ya en ejecución.

El escenario elegido tampoco es casual. Santa Cruz se ha convertido en territorio complejo para el oficialismo y también para el bloque vinculado a Luis Fernando Camacho, donde el desgaste político abre espacio a nuevas figuras. Lanzar allí el 50/50 apunta a recuperar iniciativa en una plaza decisiva.

En el fondo, la estrategia tiene doble objetivo: blindar a los candidatos oficialistas frente al avance opositor y, al mismo tiempo, reencuadrar el debate subnacional en términos favorables al Ejecutivo. Si el 50/50 se consolida como política concreta y no solo como anuncio, el oficialismo podría revertir parte del rezago. Si queda en declaración, la oposición volverá a tomar la delantera con el argumento de que el Gobierno reaccionó tarde y por presión electoral.

Por ahora, el 50/50 se convierte en el eje de la campaña y en la principal tabla de flotación para los candidatos de Paz en una contienda que se perfila cada vez más competitiva.