La cordial relación política que el gobernador de Santa Cruz, Juan Pablo Velasco (JP), había construido con el Gobierno de Rodrigo Paz terminó resquebrajándose por la disputa sobre la distribución de los recursos fiscales.
Hasta hace poco, JP mantenía contactos directos con ministros del gabinete y buscaba acuerdos con el Ejecutivo para avanzar en su propuesta del 50-50 y conseguir respaldo nacional a proyectos e iniciativas de su gestión departamental.
Su apuesta parecía ser una relación de cooperación que le permitiera consolidar una gestión propia desde Santa Cruz, como gobernador del principal partido opositor, con proyección política nacional. Sin embargo, el desaire a su demanda de mayores recursos terminó convirtiendo esa cercanía en un enfrentamiento abierto.
Molesto por la decisión de asignar apenas el 1% del Presupuesto General del Estado 2027 a las gobernaciones, JP echó por tierra la cordialidad que mantenía con el Ejecutivo y arremetió contra el presidente y sus colaboradores.
“No entiendo cómo el presidente no hace cambio de su gabinete. Son unos zánganos, burócratas, no trabajan, no hacen nada. El poder dura poco”, lanzó.
El gobernador incluso pidió un cambio total de ministros, viceministros y otras autoridades, a quienes responsabilizó de perjudicar la imagen presidencial y frenar la gestión departamental.
La ruptura deja al descubierto algo más que una disputa presupuestaria.
JP buscaba que el Gobierno nacional respaldara sus proyectos, entre ellos un tren y la construcción de una cárcel mediante inversión, pero ahora denuncia trabas y falta de capacidad en la administración central.
También cuestionó los controles de Aduana, donde aseguró haber sufrido daños en sus maletas y el robo de pertenencias tras regresar de Europa. Sobre la reunión con los ministros, reveló que recibió propuestas de porcentajes que consideró irrisorios y que, cuando exigió una cifra concreta, le respondieron que podían levantarse de la negociación y no darle nada. “Como si fuera su plata”, reclamó.
En política, las alianzas también tienen límites y los proyectos de poder pesan tanto como las coincidencias.
JP parecía apostar por una relación directa con el Gobierno para impulsar su propia agenda y fortalecer su liderazgo nacional.
Su proyección política incluso lo perfilaba como un potencial aspirante presidencial capaz de disputar espacio a figuras opositoras como Jorge Tuto Quiroga.
Pero en el intento de manejar una relación política que le permitiera avanzar en sus objetivos, terminó sintiéndose manejado por el Ejecutivo. Ahora, el reclamo por el 50-50 se convirtió en una confrontación pública y en un nuevo frente de tensión entre Santa Cruz y el Gobierno de Paz.