Categoria: Política
Publicado 23 de marzo de 2026

El exanalista y autodenominado experto municipalista, Iván “Negro” Arias Durán, cerró su ciclo político en la Alcaldía de La Paz con una derrota contundente que no deja margen de duda: su gestión no logró responder a las expectativas y terminó desconectada de la ciudadanía.

Arias llegó al poder impulsado por el voto de rechazo al MAS y con la promesa de una administración técnica. Sin embargo, con el paso del tiempo, esa expectativa se diluyó en una gestión errática, con dificultades para enfrentar los problemas estructurales de la ciudad y sin decisiones de fondo.

Uno de los símbolos de ese estilo fue acuñar “por el bien común” o el eslogan “La Paz en paz”, que terminó funcionando más como un refugio discursivo que como una política pública. La consigna, lejos de traducirse en orden o soluciones, sirvió para evitar decisiones drásticas en temas críticos, y nunca logró ser apropiada por la ciudadanía, que no se sintió representada por ese mensaje.

La gestión estuvo marcada además por una sobreexposición mediática que intentó suplir la falta de resultados concretos. La narrativa de “SuperObras” quedó debilitada frente a evidencias que pusieron en duda su impacto real.

En el ámbito político, la fractura de su propia bancada en el Concejo Municipal reflejó un liderazgo debilitado e incapaz de sostener cohesión interna. La gobernabilidad terminó erosionada desde dentro.

En campaña, el intento por reposicionarse derivó en una estrategia comunicacional que rozó lo caricaturesco, con propuestas como “mochileitor”, “zapateitor” y “cuaderneitor”. Lejos de generar cercanía, estas iniciativas reforzaron la percepción de improvisación y desconexión con las prioridades reales de la población.

Mientras tanto, problemas estructurales como el desorden del comercio, el transporte caótico y el deterioro económico de diversos sectores permanecieron sin respuestas efectivas. La gestión quedó atrapada entre el discurso y la inacción.

El resultado electoral refleja el desencanto de un electorado que apostó por una alternativa de cambio, pero terminó castigando una administración que no estuvo a la altura de sus promesas.

El mensaje de las urnas es claro: los eslóganes no reemplazan la gestión, y evitar decisiones tiene un costo político. El ciclo de Iván Arias Durán concluye dejando más críticas que logros, en una ciudad que sigue esperando liderazgo y soluciones reales.

Pero de algo debe estar seguro: gran parte de la ciudadanía coincide en que se va el peor alcalde y el peor Concejo Municipal de la historia.