Un giro significativo en el discurso político del candidato a la Gobernación de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, marca la etapa final de su campaña. Durante años, el líder cruceño calificó a sectores interculturales como “avasalladores” de tierras, señalándolos de vulnerar el derecho a la propiedad privada, especialmente en el contexto de conflictos agrarios durante la gestión del Movimiento al Socialismo (MAS).
Sin embargo, en el actual escenario electoral, estos mismos sectores han pasado a formar parte de su estrategia política. La aproximación no solo implica un cambio discursivo, sino también la construcción de alianzas que, según analistas, responden a una necesidad de ampliar su base electoral ante un contexto adverso.
El viraje ha sido interpretado como una moderación de su narrativa. Observadores señalan que el tono confrontacional que caracterizó anteriores intervenciones ha sido sustituido por un discurso más conciliador hacia grupos que antes eran objeto de duras críticas.
Este cambio ocurre en un momento clave, en el que encuestas y proyecciones electorales sugieren dificultades para consolidar su candidatura en una eventual segunda vuelta, donde otros contendientes han ganado protagonismo.
A esto se suma el desgaste de su gestión como gobernador, marcada por cuestionamientos en temas de administración pública y crisis específicas que afectaron su imagen. En ese contexto, la apertura hacia nuevos aliados aparece como una estrategia para reposicionarse políticamente.
Desde la oposición, las críticas no se han hecho esperar. El ex candidato Juan Carlos Medrano cuestionó la coherencia del cambio, señalando que Camacho busca ahora el respaldo de sectores que anteriormente rechazaba. En la misma línea, voces como la de la diputada Lissa Claros han advertido sobre lo que consideran una contradicción entre el discurso previo y las actuales alianzas.
Por su parte, el entorno de Camacho ha intentado replantear la narrativa sobre los conflictos de tierras, relativizando responsabilidades atribuidas en el pasado a estos sectores y proponiendo nuevas interpretaciones sobre hechos como los incendios en la Chiquitania.
En la recta final de la campaña, este reordenamiento político evidencia las tensiones entre discurso, estrategia y viabilidad electoral. El resultado de esta apuesta mostrará si el electorado prioriza la coherencia ideológica o la capacidad de adaptación en un escenario político cambiante.