ANÁLISIS
La posible censura del ministro de Hidrocarburos, Mauricio Medinaceli, si la Asamblea Legislativa logra reunir dos tercios de los presentes, más allá de la sanción política que implica, lo coloca en la posición de víctima del “sentido de la oportunidad”, un recurso que en política puede articular alianzas impensadas.
Esa motivación parece impulsar a legisladores del PDC y de la bancada opositora Libre, que intentan cerrar filas de cara a la sesión de este miércoles. A convocatoria del presidente de la Asamblea, Edmand Lara -también beneficiario de ese mismo sentido de la oportunidad-, el pleno abordará un único punto en agenda: la mala calidad de la gasolina.
Medinaceli no es el autor del entramado de corrupción que el MAS consolidó durante 14 años de gobierno de Evo Morales y que, incluso, se profundizó en la gestión de Luis Arce. Ese sistema, vinculado a la compra y venta de combustibles a través de YPFB, se convirtió en una estructura difícil de desmontar, imposible de revertir en los primeros meses de gestión.
Si el ministro hubiese cortado de inmediato la relación con proveedores de “combustible al fío” en el corto plazo, es probable que Bolivia, al inicio del nuevo gobierno, no hubiera contado ni con los recursos ni con el abastecimiento necesario para el mercado interno. En ese contexto, la continuidad de empresas como Trafigura y Vitol resultaba clave para garantizar el suministro.
Es cierto que se trataba de combustible caro. También lo es que el actual gobierno optó por adquirir producto más barato, pero de menor calidad. Como suele ocurrir, lo barato termina saliendo caro, y ese costo hoy recae tanto en la administración del presidente Rodrigo Paz como en el propio ministro, uno de los pocos especialistas bolivianos en materia de hidrocarburos.

La crisis del sector es compleja y no admite soluciones inmediatas. Ni siquiera un experto como Medinaceli podría resolverla en el corto plazo. Su infortunio ha sido asumir el cargo en un momento en que las redes de corrupción comenzaron a presionar con mayor fuerza a un Estado y sabotear a un gobierno que ya no tenía los recursos para sostener esas redes de corrupción.
A este escenario se suma el malestar de algunos diputados del PDC que no obtuvieron espacios en la administración pública. Figuras como Edmand Lara capitalizan ese descontento, aguardando la oportunidad para impulsar una censura que, en términos técnicos, se denomina Orden del Día Motivado. Si la respuesta del ministro es considerada insatisfactoria y se alcanzan los dos tercios, la censura implicaría su destitución sin posibilidad de retorno.
¿Podría concretarse la caída de Mauricio Medinaceli? La posibilidad de alcanzar los dos tercios aparece, al menos en el papel, como viable. Sin embargo, su materialización aún está por verse. Lo cierto es que el descontento interno en el PDC, sumado al oportunismo político de Libre y al rol protagónico de Lara, podría converger coyunturalmente.
Aun si no se alcanzan los votos necesarios, Medinaceli ya habría quedado expuesto como víctima de una dinámica de manipulación política, pagando un alto costo por formar parte de un gobierno percibido como débil y sin un rumbo político claramente definido.
Así lo censuren, la situación no cambiará y el desenlace solo confirmará la aplicación precisa de la lógica de la oportunidad; una oportunidad que servirá para alimentar los cantos de sirena en plaza Murillo, pero que no resolverá los motores averiados, no garantizará la provisión inmediata de gasolina de buena calidad ni atenderá con rapidez las demandas de resarcimiento de los transportistas.
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