Cuando el joven emprendedor tecnológico cruceño de 38 años fue presentado el pasado 15 de mayo en La Paz como acompañante de fórmula de Jorge Tuto Quiroga, pocos —o mejor dicho, nadie— conocía a Juan Pablo Velasco por alguna incursión previa en política. Todos decían que era un ilustre desconocido. ¡Albricias! Justamente eso querían los estrategas de Tuto Quiroga: que lo vieran como un desconocido, y lo lograron. Surgieron voces que lo tildaban de inexperto, un tipo que ni siquiera sabía qué era la AGETIC, aquella agencia que los tiktokers y algunos políticos critican por ser un mecanismo de control de los datos reservados de los bolivianos.
Con el paso de los días, JP empezó a lanzar el anzuelo a través de TikTok. Algunos lo seguían criticando, probablemente por su estilo poco convencional de comunicación. Otros, con miradas añejas, volvían a pensar que un candidato a la vicepresidencia debía ser alguien que conociera el funcionamiento del Legislativo. Más ingenuos aún.
Arreciaron las críticas y las descalificaciones. Pero los estrategas de Tuto —y el propio «emprendedor de Tuto»— se anotaron otra victoria: lograron generar una ola de ataques que solo sirvió para amplificar la imagen de su inexperiencia. Han sido tan duros los comentaristas, periodistas, abogados aficionados, políticos frustrados, tiktokers y todo aquel con micrófono o cámara en mano, que se empeñaron en «destruir» la figura del novel protagonista que, irónicamente, puede terminar revolucionando la política boliviana.
Su reciente frase sobre “volver sexy la función pública”, sus confusiones entre animales salvajes y domésticos, o sus comentarios poco claros sobre los efectos medioambientales de la minería ilegal, no solo fueron un manjar para sus críticos más ingenuos, sino una veta jugosa para intentar destrozarlo. Claro, muchos lo hicieron por interés —por no decir, por encargo— porque en época electoral nada se mueve gratis. Y eso lo sabe muy bien PPP y su expareja de micrófono, quienes como tiburones hambrientos abrieron la boca para devorarse a JP con gusto.
Hoy, hasta por su declaración sobre la “sensualidad” en la función pública generan los comentarios más ácidos. Incluso Sayuri Loza, historiadora del arte, cayó en la mención. Más mesurada, sí, pero logró que el nombre de JP Velasco rebote gracias a las ondas de la poderosa radio Fides. Tercer éxito anotado y con gol olímpico, porque fueron las mismas redes sociales y sus autores los que hicieron la propaganda —según ellos negativa— que en realidad sirvió para posicionar la imagen de JP, el joven candidato a vicepresidente que ha sido más comentado que el propio Tuto Quiroga en menos de 20 días desde su aparición pública.
Fueron no solo ingenuos, sino desprovistos de honestidad histórica e intelectual. Estos críticos —gratuitos y pagados— seguramente esperaban ver en el cargo a un candidato como los de antes: el aimara Víctor Hugo Cárdenas como símbolo de complementariedad; el afrancesado Julio Garrett engominado y sereno como contrapeso al frío Dr. Paz; o el simpático Tuto Quiroga de antaño que contrastaba con un senil Hugo Banzer. Tal vez un Carlos Mesa, que como intelectual (porque periodista no lo es) contrastaba con Sánchez de Lozada, o un García Linera que, con su discurso guerrillero, pretendía complementar al Evo que se decía indígena —aunque el tiempo demostró lo traicionero y convenenciero que fue con el poder.
Todos pedían renovación política, pero cuando aparece alguien nuevo como JP —“ignorante”, “sexy”, joven, cruceño y disruptivo— se olvidan de sus buenos deseos. JP representa eso: lo nuevo, lo capaz en la empresa y la tecnología. Fue tan hábil que hizo volcar la lengua y los ojos de quienes pedían un político viejo y experimentado como compañero de Tuto Quiroga.
Hoy, JP está hasta en la sopa del mercado. Todos hablan de él. Y conforme pase el tiempo, seguirá lanzando anzuelos para que más ingenuos muerdan el cebo y, sin querer, se conviertan en sus mejores jefes de campaña. Lo cierto es que, en menos de 20 días desde su presentación oficial el pasado 15 de mayo, ha tomado la delantera frente a todos los otros candidatos de lengua larga y el cerebro corto. Por eso digo: cayeron en la trampa y seguirán cayendo. Algunos que querían destruir su imagen tendrán que devolver las entradas —por no decir el money— porque su contrato terminará siendo una estafa para quien les paga por armar el circo mediático y digital contra Tuto Quiroga y su experto tecnológico que, por cierto, sí ha dado muestras que saben manejar redes sociales.