El traslado de Fernando Cerimedo al penal de máxima seguridad de Chonchocoro abre una nueva etapa en un caso que, además de las denuncias judiciales, ha puesto bajo la lupa los vínculos del ciudadano argentino con personas cercanas al poder.
Cerimedo fue trasladado durante la madrugada de este martes 8 de septiembre desde Santa Cruz hasta La Paz e ingresó posteriormente a Chonchocoro, luego de permanecer 18 días en Palmasola.
El cambio de penal puede parecer una simple decisión administrativa, pero en el contexto de las denuncias que rodean al caso tiene una lectura política inevitable: ¿Chonchocoro representa finalmente un giro de mano dura o, además, busca garantizar que Cerimedo deje de tener el margen de maniobra que habría conservado durante su permanencia en Palmasola?
Del hombre influyente al detenido esposado
La imagen de Cerimedo al llegar a La Paz contrasta radicalmente con la del personaje que hasta hace poco se movía en círculos cercanos al poder.
En el traslado que fue acompañado por El Deber, Cerimedo apareció con una capucha y esposado. No concedió una entrevista y se limitó a responder brevemente algunas preguntas relacionadas con las acusaciones de presunto enriquecimiento ilícito que pesan en su contra.
Sus palabras fueron cortas, pero algunas tienen una evidente carga política.
“Ya se está haciendo lo que se tiene que hacer y se va a saber la verdad”, afirmó.
También insistió en que busca justicia y que se conozca la verdad. Sobre las acusaciones de Nadia Beller, sostuvo que ella “va a tener que explicarle a la justicia las mentiras que está diciendo”.
Pero hubo dos frases particularmente llamativas.
Cerimedo pidió al presidente Rodrigo Paz que lo perdone “por no haberle hecho caso”, aparentemente en referencia a las advertencias que habría recibido sobre su relación con Beller.
Y agregó: “Mi esposa, que me perdone”.
Más allá de la defensa frente a las acusaciones, esas declaraciones muestran a un Cerimedo que todavía intenta construir su propia narrativa sobre el caso, aunque ahora desde una posición completamente distinta: esposado, con capucha y rumbo a un penal de máxima seguridad.
Y precisamente ahí aparece la gran diferencia con su paso por Palmasola.
Palmasola: ¿reclusión o margen de maniobra?
Según las denuncias formuladas por su expareja, Nadia Beller, Cerimedo habría continuado operando desde Palmasola y manteniendo contactos con personas vinculadas a círculos de poder pese a encontrarse privado de libertad.
La propia situación penitenciaria también fue objeto de cuestionamientos. Desde sectores de la parte querellante se sostuvo que Cerimedo gozaba de un esquema de resguardo diferenciado en Palmasola, al punto de que su ubicación fue descrita públicamente como un espacio de trato privilegiado.
Aunque su defensa había solicitado su permanencia en un sector de máxima seguridad alegando razones de seguridad física, la discusión posterior se concentró en otra cuestión: qué capacidad real tenía el detenido para comunicarse, recibir información y mantener contactos externos mientras permanecía recluido.
Y esa diferencia resulta fundamental.
Porque mientras Cerimedo estuvo en Palmasola no permaneció completamente fuera del debate público. En medio de la avalancha de denuncias de Beller, el detenido incluso hizo llegar mensajes y cartas a determinados medios de comunicación para fijar posición sobre las acusaciones.
Es decir, las rejas no necesariamente significaron silencio.
Ahora el escenario cambia