Categoria: Política
Publicado 23 de septiembre de 2026

Lo ocurrido con motivo de la efeméride cruceña es mucho más que un acto protocolar: es una señal de renovación del pensamiento político cruceño, de madurez política y, al mismo tiempo, un mensaje incómodo para la clase política paceña. El gobernador Juan Pablo Velasco entregó la máxima condecoración a los exgobernadores Luis Fernando Camacho y Rubén Costas, dos duros rivales en una segunda vuelta marcada por la guerra sucia y otras ronchas políticas.

Después de aquella confrontación electoral entre el candidato de LIBRE y el bloque conformado por Costas, Camacho, Marinkovic para apoyar al candidato Otto Ritter, Santa Cruz pudo optar por mantener abiertas las heridas. Hizo lo contrario. En La Paz, en cambio, todavía cuesta superar la lógica del adversario como enemigo: hay un alcalde que, en lugar de reconocer a su antecesor, aprovecha cada oportunidad para desacreditarlo; y una política departamental donde el rencor electoral es tibio, pero pesa.

El lema del escudo paceño dice: “Los discordes en concordia, en paz y amor se juntaron y pueblo de paz fundaron para perpetua memoria”. Paradójicamente, hoy parece ser Santa Cruz la que mejor interpreta ese espíritu. Velasco reunió y reconoció a quienes fueron sus adversarios, demostrando que la política también puede terminar una elección sin convertir la derrota en odio ni la victoria en revancha.

El gesto de Velasco, además subjefe nacional de LIBRE, revela algo más profundo: esa renovación del pensamiento político cruceño empieza a romper con viejas taras, mientras en La Paz persisten prácticas ancladas en la confrontación, el revanchismo, la lógica de la derrota y dominio de los 500 años y la incapacidad de construir acuerdos duraderos.

Hay que mirar con atención esta transformación. Santa Cruz no solo ya tiene el liderazgo económico del país; comienza también a mostrar una nueva cultura política, con actores que parecen entender que gobernar no significa vivir peleando con los adversarios del pasado. Esa renovación puede terminar proyectándose al escenario nacional.

La paradoja es evidente: La Paz tiene un lema que habla de concordia, pero Santa Cruz empieza a practicarlo. Y mientras los liderazgos paceños siguen atrapados en viejas disputas y sin una renovación visible, los cruceños están ocupando progresivamente ese espacio. El peligro para La Paz no es solo perder protagonismo político: es acostumbrarse a perderlo.

En esta nueva etapa, con Santa Cruz a la cabeza de JP Velasco, se observa una gestión política que parece no reconocer colores partidarios cuando se trata de defender los intereses de la región.

Saluda y coordina con el acérrimo masista-evista y alcalde de Warnes, Mario Cronembold; dialoga con facilidad con el alcalde de Cochabamba, Leonardo Loza; mantiene comunicación con el vicepresidente Edmand Lara, pese a los ataques que recibió por el caso del Banco Fassil, y coordina también con el presidente Rodrigo Paz.

Santa Cruz parece estar renovando su lógica política: una cosa es la disputa electoral y otra, muy distinta, la función pública, donde los intereses de la región y del país deben estar por encima de las diferencias partidarias.

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