El historiador y analista político Pedro Portugal, quien asumió el 21 de enero de 2026 como director de la Unidad de Descolonización y Despatriarcalización tras ser posesionado por el ministro de la Presidencia, José Luis Lupo, explicó las razones de su alejamiento del cargo a casi tres meses de haber sido designado.
Portugal sostuvo que impulsar un nuevo proceso de descolonización dentro del Estado se convirtió en una “tarea imposible”, debido a que identificó obstáculos dentro de la propia estructura institucional, particularmente en el Viceministerio de Igualdad de Oportunidades, donde denunció la persistencia de prácticas que calificó como “taras coloniales”, además de actitudes de discriminación y vejación hacia personas de origen indígena.
A través de sus redes sociales, Portugal señaló que había optado por mantener silencio sobre su salida; sin embargo, ante las consultas de distintas personas decidió explicar públicamente los motivos de su decisión. El exdirector afirmó que aceptó la invitación al cargo con el propósito de contribuir a los derechos y reivindicaciones de los pueblos originarios, pero aseguró que encontró un escenario incompatible con ese objetivo, al considerar que las estructuras estatales encargadas de promover la descolonización aún reproducen prácticas que precisamente deberían combatir.
En sus redes sociales escribió el siguiente mensaje:
«Varias personas se extrañan que no haya hecho pública mi renuncia al cargo que ejercí por mes y medio como Director de Descolonización, en el viceministerio de Igualdad de Oportunidades. Una de mis convicciones es que, si no puedes colaborar no perjudiques; de ahí mi silencio.
Sin embargo, ante el pedido de aclaración de parte de varias personas, respondí lo siguiente a un amigo en Facebook. En espera de que sea suficiente, la reproduzco a continuación.
Pedro Portugal Mollinedo: “Fui invitado a contribuir en la elaboración de un nuevo diseño de descolonización. Acepté en el entendido de contribuir así a los derechos y reivindicaciones de nuestros pueblos. Es urgente destrabar concepciones y mecanismos que impiden que los pueblos originarios desarrollen todas sus potencialidades. Sin embargo, es tarea imposible si los mecanismos de Estado no se ‘descolonizan’ previamente.
Mi dirección era dependiente de un viceministerio cuya cabeza, la viceministra designada, es en mi opinión la personificación de las taras coloniales que arrastramos: impidió que personal, en mi criterio idóneo y de origen indígena, pueda ingresar a trabajar para ese cometido; su concepción de ‘descolonización’ era maternalista y folclórica y, finalmente, se desenvolvía con actitudes y comportamientos discriminadores y vejadores hacia las personas de origen indígena… No se puede ayudar a ‘descolonizar’ en contextos que están a disposición de castas que —justamente— sobreviven por el esquema colonial que configuró a la actual Bolivia.”