La activista Nadia Beller subió el tono de su ofensiva y apuntó directamente a la cabeza del Gobierno al publicar fotografías que contradicen la versión del presidente Rodrigo Paz sobre su relación con el argentino Fernando Cerimedo. Con las imágenes, Beller no solo golpea al exasesor: coloca al propio mandatario ante la necesidad de explicar la verdadera dimensión del vínculo que mantuvo con él.
La arremetida se produjo después del mensaje de Paz, en el que aseguró que su relación con Cerimedo se limitó a los primeros meses de su gestión y negó que el argentino hubiera tenido una oficina en Palacio. Beller respondió con dos fotografías: una muestra a Cerimedo en una oficina del piso 23 de la Casa Grande del Pueblo, fechada en mayo de 2026, y otra lo exhibe junto a Paz durante la cumbre del “Escudo de las Américas”, realizada en marzo en Miami.
Las imágenes golpean también el discurso sostenido desde el Gobierno. El vocero presidencial, José Luis Gálvez, había presentado a Cerimedo como un “cooperante en función de asesoría”, sin cargo oficial, mientras que la directora de Comunicación, Ximena Galarza, afirmó el miércoles en su visita a la fiscalía de La Paz, que el argentino “no era parte del Gobierno”.
Sin embargo, esa explicación queda bajo cuestionamiento frente a una pregunta elemental: si Cerimedo no tenía cargo ni formaba parte del Gobierno, ¿en qué condición viajó a Estados Unidos y terminó participando en reuniones de alto nivel con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio?
La fotografía junto a Paz, durante la cumbre internacional, donde también estuvieron Donald Trump, Javier Milei y José Antonio Kast, refuerza la percepción de que el papel de Cerimedo estuvo lejos de ser una simple colaboración informal en comunicación. La presencia de un supuesto “cooperante” en escenarios diplomáticos de semejante relevancia abre interrogantes sobre quién lo autorizó, bajo qué representación y con qué respaldo oficial.
Beller tampoco se limitó a las fotografías. En una audiencia calificó a Cerimedo de “monstruo” y lo acusó de haber operado una estructura de cuentas falsas para fabricar una realidad virtual y manipular la opinión pública. Además, anunció la difusión de chats, audios y registros de ubicación que, según sostiene, demostrarían la presencia reiterada del argentino en espacios oficiales hasta el 17 de julio.
Así, la ofensiva dejó de ser únicamente contra Cerimedo. Beller apunta ahora al corazón del poder y pone en entredicho las explicaciones ofrecidas por Paz y sus principales funcionarios. Si las próximas pruebas confirman lo que anticipa, el problema ya no será solamente qué hizo Cerimedo, sino cuánto sabía y hasta dónde llegó su relación con el Gobierno.