La estrategia de utilizar la Asamblea Legislativa como escenario de sanción política volvió a tropezar. Después de la censura que terminó con la salida de Gabriel Espinoza por la compra de un vehículo y del fracaso de la interpelación al ministro de Hidrocarburos, Marcelo Blanco, esta vez el turno fue del ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, quien salió ileso de una sesión que, desde el inicio, parecía diseñada para ponerlo contra las cuerdas.
Los asambleístas de Libre llegaron bajo la consigna de «voto de censura» y Lara, con la idea de cortarle la cabeza al ministro Oviedo aprovechando la coyuntura de indignación política a raíz del escándalo Cerimedo.
Para evitar un resultado adverso, los interpelantes incluso pidieron suspender el acto al considerar que no existía información oficial de la Fiscalía de Chile que permitiera afirmar que la madera retenida en ese país contenía droga. Sin embargo, el vicepresidente Edmand Lara no sometió esa solicitud a votación y decidió continuar con la sesión. El resultado terminó jugando en contra de quienes impulsaban la censura.
De los 153 legisladores, entre titulares y suplentes, solo 36 votaron por la censura, mientras 82 respaldaron el orden del día puro y simple y 35 se abstuvieron. Es decir, 117 legisladores no respaldaron la censura, permitiendo que Oviedo cierre la jornada sin la sanción política que sus interpelantes buscaban imponerle.
Pero el resultado dejó algo más que un ministro políticamente fortalecido: expuso una fractura dentro de Libre que tiene la segunda parlamentaria más grande.
De acuerdo con los datos proporcionados desde sectores de esa fuerza política, 17 parlamentarios se apartaron de la línea de censura: los senadores Ernesto Suárez, Natalia Miserendino, Kathia Quiroga, Cinthia Gutiérrez, Luzmila Patiño y Jhon Romaña; y los diputados Ofelia Zurita, José Maldonado, Aurora Patiño, Flavia Barbery, Roger Blanco, Alexandra Boero, Silvia Ardaya, Ivón Justiniano, Juana Méndez, Felipe Daza y Xiomara Ramírez.
La lista comenzó a circular entre militantes y simpatizantes de Libre, provocando cuestionamientos contra quienes no acompañaron la posición de la bancada.
Para los sectores más críticos, las abstenciones terminaron siendo determinantes para impedir la censura y dejaron al descubierto que la ofensiva contra Oviedo no logró siquiera cohesionar a quienes pretendían ejecutarla.
El episodio también vuelve a poner en cuestión la eficacia de la censura como instrumento de confrontación política. Espinoza terminó fuera del gabinete; Blanco superó su interpelación y ahora Oviedo también logró sortear la ofensiva.
El denominador común es una Asamblea donde las alianzas, las abstenciones y las fracturas internas terminan pesando más que el discurso de quienes anuncian, con anticipación, una censura que después no consiguen concretar.
Libre y Lara fueron por la censura y terminaron descubriendo que ni siquiera tienen los votos de su propia casa. Oviedo salió ileso; la fractura quedó en evidencia.