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Publicado 23 de septiembre de 2026

El estadio de Villa Ingenio costó alrededor de 8 millones de dólares. Always Ready invirtió unos 500.000 dólares en el cambio de césped y otros arreglos y obtuvo una “administración compartida” por siete años, con exclusividad para disputar allí sus partidos oficiales. El acuerdo se firmó el 2023.

El escenario fue construido con recursos del programa “Bolivia Cambia, Evo Cumple”. Posteriormente, durante la gestión de Eva Copa, se firmó un convenio de administración que permitió a Always Ready utilizar el estadio, entre otras razones, por haber sustituido el césped sintético por césped natural híbrido, requisito de la CONMEBOL para albergar partidos internacionales de Copa Libertadores y Sudamericana.

El club convirtió Villa Ingenio en su reducto y destinaba unos 50.000 bolivianos mensuales al mantenimiento del gramado. Pero queda una pregunta que la Alcaldía de El Alto debe responder con absoluta transparencia: ¿cuánto pagaba el club por el uso del estadio en cada partido? Si existe un contrato, los alteños tienen derecho a conocer sus condiciones.

Ese estadio es un bien público que no puede ser entregado a un privado como si fuera un reducto privado.

No se trata, por tanto, de un simple comodato, sino de un esquema de usufructo, coadministración y cooperación institucional entre la Alcaldía de El Alto y Always Ready. Por eso, el alcalde Elizer Roca debe transparentar los alcances del acuerdo y explicar si realmente fue beneficioso para los alteños que un club privado tuviera prácticamente el control operativo del principal estadio de la ciudad.

Lo preocupante es que ahora algunos pretenden convencer a los alteños de que, sin Always Ready, El Alto se quedará sin fútbol profesional y que incluso la Selección Boliviana dejará de jugar allí. Y, como si fuera poco, el dirigente que heredó la administración del club aparece buscando convencer al joven alcalde de Viacha con el argumento de llevar fútbol profesional e inversión a esa ciudad.

Mal por el empresario que pretende encontrar facilidades sobre terrenos públicos y peor por el alcalde que pueda caer en la tentación. Si una empresa tiene capacidad para invertir a gran escala, debe demostrarla también adquiriendo su propio terreno y construyendo su centro de alto rendimiento y su estadio.

Marcelo Claure dio ese paso. Compró terrenos para Bolívar en la zona Sur, construyó su Centro de Alto Rendimiento (CAR) de talla internacional, y avanzó hacia un estadio propio. Es decir, invirtió en patrimonio propio, sin pretender convertir un bien público en extensión de los intereses de un club.

El fútbol profesional necesita inversión privada, pero la inversión no puede confundirse con apropiación.

Y los alcaldes deben entender que administrar bienes públicos exige transparencia, no ingenuidad.

Roca tiene todavía la oportunidad de explicar el acuerdo y demostrar que el patrimonio de los alteños no se negocia bajo presión ni al calor de intereses deportivos o empresariales.

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