Categoria: Política
Publicado 21 de agosto de 2026

Más allá de los escándalos derivados de la detención del exasesor presidencial Fernando Cerimedo, el caso encierra una paradoja política y de inteligencia: el investigador terminó investigado y el espía, espiado. El argentino que llegó al entorno del poder boliviano con credenciales de estratega político, experto en comunicación e infiltración, terminó exponiendo desde su propia intimidad información que habría comprometido una operación contra Evo Morales.

Cerimedo no se acercó a Nadia Beller únicamente por una relación sentimental. Según la hipótesis que surge de la investigación, también buscaba convertirla en una fuente de información para conocer detalles sobre Evo Morales y su entorno. Pero la operación terminó dándose vuelta: mientras él intentaba obtener información, fue Beller quien terminó conociendo sus movimientos, sus contactos y, eventualmente, información sensible sobre una eventual operación contra el expresidente.

El diputado del PDC Ricardo Rada sostuvo que el intento de asesinato habría servido para “encubrir y proteger” el operativo que se preparaba contra Morales.

Según el legislador, fue la propia Beller quien afirmó inicialmente que Cerimedo “estaba liderando un grupo de élite” preparado para capturar a Evo y llevarlo a prisión. La interpretación de Rada es que, al quedar aprehendido Cerimedo, el supuesto responsable de esa operación quedó fuera de juego y Morales permaneció en libertad.

Rada también considera que la relación entre Cerimedo y Beller no fue casual y atribuye a esta última vínculos con el MAS y el entorno de Álvaro García Linera. Esas afirmaciones, sin embargo, forman parte de una interpretación política que deberá ser contrastada con elementos objetivos de la investigación.

Según la imputación fiscal, mantenía una relación sentimental y de convivencia temporal con Beller desde finales de 2025.

Durante ese periodo, el argentino habría construido ante ella la imagen de un hombre con influencia sobre policías, ministros y operadores políticos del Gobierno, además de capacidad para articular acuerdos y gestionar incluso la supuesta “compra de diputados y senadores”.

El problema para Cerimedo fue que habló demasiado.

La información que pretendía obtener terminó convirtiéndose en información que salió de él. De investigador pasó a investigado; de operador a pieza investigada; y de espía terminó convertido en espiado.

Según esta hipótesis, la relación con Beller le habría permitido compartir información sobre movimientos y decisiones de las estructuras de poder.

La situación dio un giro cuando Beller amenazó con hacer públicas y denunciar determinadas actuaciones. La Fiscalía sostiene que esa amenaza generó en Cerimedo una “urgencia de silenciarla”, bajo el argumento de que primero debía “completar la operación contra Evo”.

No es un secreto que la captura de Evo Morales ha sido uno de los objetivos políticos más sensibles para el Gobierno.

El conflicto entre Cerimedo y Beller, sin embargo, terminó desplazando el foco de esa eventual operación. Las acusaciones de violencia y el presunto intento de asesinato colocaron al asesor presidencial ante la Justicia y abrieron una investigación que ahora alcanza sus comunicaciones, sus bienes, sus contactos y sus actividades.

Cerimedo enfrenta actualmente cargos provisionales por feminicidio en grado de tentativa, violencia contra la mujer y legitimación de ganancias ilícitas. La investigación deberá establecer si existen otros delitos o responsabilidades.

EVO YA HABÍA ALERTADO SOBRE UNA OPERACIÓN

Evo Morales afirmó este jueves que recibió información de militares y policías sobre un supuesto nuevo operativo en el Trópico de Cochabamba, que atribuyó al Gobierno de Rodrigo Paz.

Morales sostuvo que el ministro de Defensa, Ernesto Justiniano, permaneció alrededor de dos semanas en Estados Unidos y que allí habría planificado, junto al Gobierno estadounidense, una acción en su contra. Estas afirmaciones no han sido probadas y forman parte de la denuncia política del expresidente.

En paralelo, según Morales, Beller declaró a medios de comunicación que Cerimedo habría viajado a Estados Unidos durante agosto para coordinar apoyo logístico destinado a una intervención en la región. También afirmó que la instrucción no sería únicamente capturar a Morales, sino acabar con su vida mediante uniformados y sicarios, situación que fue desmentida por el ministro de Defensa.

Ahí está la paradoja que convierte el caso penal en un problema político: el investigador terminó investigado, el espía terminó espiado y la operación que pretendía ejecutar pudo haber terminado abortada por la propia vulnerabilidad de quien debía conducirla.

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