Categoria: Política
Publicado 14 de julio de 2026

Las declaraciones del ministro de Obras Públicas, Oscar Zamora, sobre el supuesto fin del ciclo político de Jorge Tuto Quiroga, Samuel Doria Medina y Evo Morales terminaron abriendo un frente de confrontación que alcanzó incluso al propio Gobierno. Lo que pretendía ser una lectura del nuevo escenario político acabó generando cuestionamientos sobre la prudencia del discurso oficial y la necesidad de construir consensos en medio de la crisis económica.

Al afirmar que el ciclo político de Tuto, Samuel y Evo había concluido y que comenzaba una nueva etapa con el presidente Rodrigo Paz Pereira, Zamora no solo emitió una opinión personal. En los hechos, sus palabras fueron interpretadas como una señal del círculo más cercano al mandatario, precisamente cuando el Ejecutivo insiste en convocar a un «Gran Acuerdo Nacional» y busca respaldo parlamentario para impulsar un paquete de reformas económicas.

La reacción política no tardó. Diversos actores cuestionaron el tono del ministro, pero una de las respuestas más comentadas fue la del gobernador de Santa Cruz y excandidato a la Vicepresidencia por la alianza Libre, Juan Pablo Velasco, quien apeló a un argumento de humildad en el ejercicio del poder antes que a una confrontación ideológica.

«Cuando uno gana una elección hay que tener mucha altura para ganar y humildad. Yo he ganado elecciones y he perdido elecciones y nunca me han visto hablar mal de quien me ganó ni mal de a quien le gané», afirmó.

Velasco sostuvo que la política exige respeto hacia los adversarios porque «la vida da vueltas», y utilizó la trayectoria personal del ministro para ilustrar su crítica.

"La vida da tantas vueltas que el ministro estaba hace un año vendiendo chinchulines y ahora está manejando la cartera más importante del Estado. Entonces, yo creo que hay que tener mucho respeto; hay que respetar absolutamente a todos, cuando ganás y cuando perdés", señaló.

Más allá de la referencia personal a Zamora, el gobernador orientó su mensaje hacia la necesidad de cambiar el tono del debate político. A su juicio, insistir en descalificar a quienes fueron derrotados en las elecciones no aporta soluciones a los problemas estructurales que enfrenta el país.

En ese sentido, reclamó que el Gobierno concentre sus esfuerzos en concretar las reformas anunciadas durante la campaña.

«Seguimos esperando el 50-50, seguimos esperando la ley de minería, seguimos esperando la ley del agro, seguimos esperando la ley de alianza público-privada, seguimos esperando la ley de concesiones y seguimos esperando la ley de hidrocarburos. No tenemos ninguna ley», cuestionó.

Velasco concluyó que, en lugar de alimentar la confrontación política, el Ejecutivo debería convocar a todas las fuerzas para enfrentar la crisis.

«En vez de estar criticando a personas que no ganaron las elecciones, hay que llamarlos a todos y unirnos para sacar adelante al país».

Las declaraciones del gobernador reflejan cómo una intervención que pretendía marcar el inicio de un «nuevo ciclo político» terminó desplazando el debate desde las reformas prometidas hacia una controversia sobre las formas y el discurso del poder. En momentos en que el Gobierno busca construir acuerdos para aprobar leyes consideradas estratégicas, la polémica reabrió la discusión sobre si la confrontación política fortalece o debilita la capacidad del Ejecutivo para generar consensos.

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