Un 21 de septiembre de 2010, cuando Evo Morales atravesaba el pico más alto de su poder político y acumulaba respaldo internacional, el periodista argentino Martín Sivak presentaba en Nueva York El Jefazo, una biografía que buscaba explicar el ascenso sindical, político y simbólico del entonces líder del MAS.
El libro apareció después de años de investigación, viajes, entrevistas y convivencia con el fenómeno político que había transformado Bolivia desde 2006. Aquel Evo todavía concentraba hegemonía electoral, control territorial y narrativa histórica. El título mismo —El Jefazo— resumía el culto político que comenzaba a consolidarse alrededor de Morales.
Quince años después, este 15 de mayo de 2026, Bolivia presenció una versión bastante más acelerada y tropicalizada del fenómeno editorial-político.
La Carrera de Ciencia Política y Administración Pública de la UAGRM presentó el libro “Edmand Lara: de outsider político a vicepresidente. Redes, poder y crisis institucional en Bolivia”, escrito por Humberto Echalar Flores, exviceministro, exjefe policial, analista, postulante recurrente y ahora también biógrafo político. La diferencia temporal no pasó desapercibida: mientras El Jefazo apareció tras varios años de gobierno y una figura consolidada continentalmente, el texto sobre Lara llega cuando el vicepresidente apenas comienza su tránsito político y todavía no termina de definirse si será actor central o personaje circunstancial del actual ciclo gubernamental.
La escena tuvo además un inevitable aire de entusiasmo anticipado. Si Sivak construyó una biografía sobre un líder que ya había conquistado el poder real, el libro sobre Lara parece adelantarse a los acontecimientos y apostar preventivamente por la construcción del personaje antes de que la historia termine de decidir si habrá mito, liderazgo duradero o apenas coyuntura. El propio director de carrera, Odín Rodríguez, habló de “cacicazgo digital” y “efecto arrastre”, conceptos que buscan darle espesor académico al fenómeno Lara, aunque en redes sociales varios ironizaron con que Bolivia pasó “del Jefazo al Influencerazo”.
La comparación también dejó una postal política curiosa: antes eran periodistas extranjeros los que llegaban fascinados por el fenómeno Evo; ahora son exautoridades nacionales y académicos locales quienes toman la posta del relato épico con velocidad casi preventiva. En tiempos donde la política boliviana dura menos que una tendencia en TikTok, el vicepresidente Lara ya tiene libro propio antes de cumplir el primer gran desgaste del poder. Todo un récord editorial para la nueva política del algoritmo.