Categoria: Política
Publicado 8 de abril de 2026

Tras la decisión del Tribunal Supremo Electoral de eliminar la segunda vuelta, el desenlace parece irreversible. En términos latinos, “consummatum est” que significa “todo está consumado”. Esto describe con precisión el momento político: un hecho cerrado, sin posibilidad de retroceso, que marca el curso de los acontecimientos.

La expresión, además, era utilizada con frecuencia por el intelectual y político paceño Guillermo Bedregal (1926-2018) en sus encuentros con periodistas -muchas veces de escaso rigor filológico- para dejar en claro que una decisión política ya estaba tomada en torno a determinadas políticas de gobierno durante la gestión de Víctor Paz Estenssoro. En ese mismo sentido, hoy el término grafica la irreversibilidad del escenario.

Bajo esa lógica, Luis Revilla Herrero se convertirá el próximo 4 de mayo en gobernador de La Paz con el mayor rechazo popular registrado, al asumir el cargo con 277 mil votos, equivalentes al 20,02% de los votos válidos (1.386.049) y aún más distante del total de 2.023.882 ciudadanos habilitados.

Cuatro vocales del TSE decidieron por más de un millón de electorales y rechazaron el recurso extraordinario de revisión presentado por el candidato René Yahuasi, quien quedó fuera de carrera luego de que la organización que lo postuló, Nueva Generación Patriótica, declinara su participación en el balotaje inicialmente previsto por el propio órgano electoral.

Desde la implementación de la elección de gobernadores tras la Constitución de 2009, todos los mandatarios departamentales habían superado la barrera del 50% de apoyo, ya sea en primera vuelta, como César Cocarico o Félix Patzi, o en segunda vuelta, como ocurrió con Santos Quispe, que alcanzó el 55%.

El caso de Revilla rompe ese patrón y se instala como una excepción que tensiona los criterios de legitimidad electoral.

Su llegada al poder también quedará marcada por la controversia. Nunca antes una candidatura había sido tan impugnada por el incumplimiento del requisito de residencia de dos años previos a la elección, considerando que el propio Revilla estuvo fuera del país en condición de prófugo de la justicia y fue habilitado sobre la base de una declaración voluntaria. A ello se suma el hecho de asumir el cargo sin haber competido en una segunda vuelta.

En la vereda opuesta queda René Yahuasi, afectado por su inexperiencia política y por una lectura sobredimensionada de su pase a la segunda vuelta. No logró consolidar acuerdos ni sostener el principio de buena fe en la negociación política, particularmente con Edgar Uriona, quien finalmente retiró su respaldo y terminó proclamando a Revilla.

Así, bajo la lógica del “consummatum est”, Revilla asumirá la Gobernación sin una base social sólida ni legitimidad amplia, más allá del respaldo de sectores urbanos de La Paz y El Alto vinculados al antiguo MIR y a los remanentes de Soberanía y Libertad Bolivia (Sol.bo). Aunque el propio Revilla asegura contar con apoyos diversos, será en la gestión donde se pondrá a prueba esa afirmación, en medio de cuestionamientos por la forma en que accede al poder y bajo la sospecha de una maniobra política que algunos interpretan como una revancha personal de Uriona contra Yahuasi.

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