Categoria: Otras Noticias
Publicado 14 de julio de 2026

El alcalde de El Alto, Elizer Roca, abrió un nuevo frente de controversia al denunciar la existencia de un grupo de «periodistas antiguos» que, según afirmó, recurre al chantaje para presionar a las autoridades municipales. La acusación marca un punto de inflexión en la relación del burgomaestre con un sector de la prensa, del que él mismo formó parte durante más de una década antes de dar el salto a la política.

La denuncia surgió tras la inauguración de la Unidad de Gestión Social, dependencia creada para atender a familias en situación de vulnerabilidad. En ese acto, Roca lamentó que la campaña de cuestionamientos hubiera reducido el alcance del programa. Según explicó, la administración esperaba entregar unas 10.000 raciones de alimentos, pero finalmente solo distribuyó 1.700.

Fue en ese contexto que responsabilizó a un grupo de comunicadores por haber influido negativamente en la iniciativa.

"Hay periodistas antiguos que toda la vida han estado, si vale el término, chantajeando a las autoridades con publicaciones contrarias. A esos periodistas les digo que esto se ha acabado. El chantaje ya no va en esta gestión municipal", declaró a los medios locales.

El alcalde añadió que, en su momento, dará a conocer los nombres de las personas a las que hace referencia, aunque aseguró que muchos de los reporteros presentes saben de quiénes habla. También exhortó a los periodistas más jóvenes a no reproducir esas prácticas.

«No caigan en ese ritmo de esos periodistas chantajistas. Eso le hace daño a la sociedad», manifestó.

Las declaraciones adquieren un matiz particular porque Roca no es un político formado exclusivamente en la administración pública o la actividad partidaria.

Antes de llegar a la Alcaldía construyó una amplia trayectoria como comunicador social, desarrollando durante cerca de 14 años un trabajo vinculado a la cobertura de emergencias, la asistencia solidaria y la difusión de acciones en favor de sectores vulnerables. Ese recorrido le permitió consolidar una imagen pública que posteriormente trasladó al escenario electoral.

Precisamente por ese origen, su cuestionamiento a un sector del periodismo cobra una dimensión distinta. Roca conoce desde dentro la dinámica de los medios de comunicación y hoy enfrenta el mismo escrutinio público que durante años observó desde el otro lado de la noticia. La crítica mediática, inherente al ejercicio de la función pública, pasa ahora a ser interpretada por el alcalde, al menos en algunos casos, como una práctica de presión o chantaje.

Sin embargo, la gravedad de la denuncia también plantea un desafío institucional. Acusar públicamente a periodistas de extorsión o chantaje supone atribuir conductas que, de existir, podrían constituir delitos y requerir la intervención de las autoridades competentes.

Hasta el momento, Roca anunció que revelará los nombres de quienes señala, pero no informó sobre la presentación de una denuncia formal que respalde sus afirmaciones.

Mientras tanto, la polémica vuelve a poner sobre la mesa un viejo debate: la compleja relación entre el poder político y los medios de comunicación. En el caso de El Alto, esa discusión adquiere un ingrediente adicional, pues enfrenta a un alcalde que nació mediáticamente junto a muchos de los periodistas que hoy cuestionan su gestión y que ahora, desde el ejercicio del poder, sostiene que parte de esas críticas responden a prácticas de chantaje y no al legítimo control social que caracteriza al periodismo.

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