Categoria: Política
Publicado 1 de mayo de 2026

El cabildo convocado por la Central Obrera Boliviana (COB) terminó convertido en una especie de “cabildo del arrepentimiento” para varios dirigentes sindicales que en las elecciones generales de 2025 respaldaron, abierta o silenciosamente, al binomio Rodrigo Paz–Edmand Lara y que ahora amenazan con movilizaciones y medidas de presión para exigir la salida del gobierno que ayudaron a instalar en el poder.

Desde el ejecutivo de la COB, Mario Argollo, pasando por moderadores y dirigentes de distintos sectores, el acto dejó entrever la incomodidad de organizaciones que durante años orbitaban alrededor del evismo y del aparato político del MAS.

Muchos de esos sectores, bajo la lógica de evitar el retorno de Jorge Tuto Quiroga, terminaron apostando por un proyecto político al que consideraban una garantía de continuidad del modelo estatal y de las estructuras de poder construidas en los últimos años.

La lectura política que hoy hace el entorno opositor apunta precisamente a ese cálculo electoral. Según esa versión, Evo Morales impulsó el voto blanco y nulo en la primera vuelta y posteriormente el evismo terminó inclinándose por el PDC en el balotaje, favoreciendo directamente la llegada de Rodrigo Paz al poder.

Sin embargo, la realidad económica que encontró el nuevo gobierno obligó a un giro político y financiero que terminó afectando a las mismas organizaciones que esperaban mantener privilegios, recursos y capacidad de presión callejera.

El malestar no solo pasa por el deterioro económico. También existe una ruptura con sectores acostumbrados a la lógica de movilización permanente financiada desde espacios de poder y a las demostraciones masivas de respaldo político que durante años acompañaron al liderazgo de Evo Morales. Hoy, varios de esos dirigentes, particularmente los alineados con Edmand Lara y el bloque evista, apuntan únicamente contra Rodrigo Paz, mientras evitan cuestionar a otros actores del actual esquema de gobierno.

Con todo, el acto del 1 de mayo dejó señales de desgaste político y sindical. La COB no logró mostrar la capacidad de convocatoria de otros tiempos, varios sectores marcaron distancia del núcleo duro masista y otros mantienen agendas propias con el Ejecutivo. Incluso el ultimátum lanzado contra el gobierno podría perder fuerza rápidamente si la Confederación de Choferes alcanza un acuerdo con el Ejecutivo y desactiva el anunciado bloqueo de caminos.

El “cabildo del arrepentimiento”, más que una demostración de fortaleza, terminó exhibiendo las fracturas y contradicciones internas de quienes ayer impulsaron el actual escenario político y hoy buscan tomar distancia de sus propias decisiones.

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