Evo Morales volvió a usar una palabra que parecía enterrada por la historia política boliviana: “prefecto”. Lo hizo con intención, con carga política y con una clara dosis de ironía. “Bolivia tiene ocho gobernadores y un prefecto”, lanzó el líder de Evo Pueblo al evaluar los resultados de las elecciones subnacionales, dejando una frase que rápidamente encendió el debate sobre la legitimidad política del nuevo gobernador electo de La Paz, Luis Revilla.
La frase tuvo un objetivo claro: cuestionar la legitimidad política de Revilla. El candidato de la alianza Patria Sol fue proclamado gobernador después de que Nueva Generación Patriótica (NGP) retirara el respaldo a René Yahuasi, con quien debía disputar la segunda vuelta. Ante ese escenario, el Tribunal Supremo Electoral suspendió el balotaje y oficializó la victoria de Revilla mediante una decisión administrativa.
Para Morales, esa proclamación sin segunda vuelta lo aleja de la imagen de un gobernador ratificado plenamente en las urnas. Por eso recurrió al término “prefecto”, figura histórica que representaba a autoridades vinculadas al poder central y no necesariamente al voto ciudadano. La ironía buscó instalar la idea de que Revilla fue “designado” más que elegido.
El exmandatario utilizó además esa crítica para reforzar su discurso de fortaleza territorial. Celebró que Evo Pueblo haya conseguido presencia en más de 100 alcaldías mediante alianzas y agrupaciones ciudadanas, pese a no contar con personería jurídica. En ese tono desafiante, la frase sobre “el prefecto” terminó convirtiéndose en uno de los mensajes políticos más duros y simbólicos de su balance electoral.