Lo que comenzó como una severa advertencia administrativa concluyó en un inevitable repliegue político. Tras jornadas de intensa tensión y el amago concreto de la directiva de Always Ready de trasladar su localía al estadio Hernando Siles de La Paz, el alcalde de El Alto, Elizer Roca, terminó cediendo ante el descontento de la afición, las críticas en redes sociales y la presión del periodismo deportivo, accediendo a la suscripción de un nuevo convenio que garantiza el fútbol de primera división en el escenario de Villa Ingenio.
La postura inicial de la autoridad edil, debilitada desde el inicio de su gestión por cuestionamientos a su representatividad, apuntaba a frenar la hegemonía que la dirigencia encabezada por Andrés Costa ejercía sobre el Gigante de Villa Ingenio.
Roca impugnaba las condiciones del contrato suscrito durante la administración de Eva Copa por juzgarlo desfavorable para las arcas municipales.
Entre sus exigencias principales demandaba que el club asumiera los gastos operativos de mantenimiento de la cancha de césped y se abriera el uso de la infraestructura a otras entidades locales.
No obstante, el costo político de privar a la urbe alteña de su representación en la División Profesional tornó insostenible su posición.
Frente al creciente malestar ciudadano, el Ejecutivo Municipal optó por moderar el discurso y responsabilizar a factores externos.
En una conferencia de prensa compartida con la dirigencia albirroja, el burgomaestre intentó matizar el revés argumentando que las discrepancias surgieron a raíz de desinformación promovida por terceros en plataformas digitales.
Bajo la consigna de un borrón y cuenta nueva, la Alcaldía debió ratificar además la inscripción presupuestaria de seis millones de bolivianos para la adquisición de las butacas del recinto, sellando así el acuerdo que devuelve a la Banda Roja a su feudo habitual.